Odio este puto juego con todo mi corazón y un pedazo de mi hígado. Así que trataré de no convertir esto en un rage-post y articular argumentos válidos de por qué el mundo se está yendo al carajo por mierdas como Candy Crush.
Yo no tengo ningún problema con los mal llamados juegos casuales. Un juego casual sigue siendo un juego como cualquier otro, solo que cumple con ciertas condiciones muy puntuales.
- Una curva de aprendizaje abrumadoramente rápida.
- Una narrativa autocontenida en todo momento del juego.
- Objetivos cortos que se pueden embestir puntualmente y no forman parte de una secuencia contínua de eventos.
- Apuntados a una demografía muy variada.
- Y que mi mamá me pregunte cómo hacer para descargarlo.
En pocas palabras, todo el mundo al abrir el juego tiene que saber lo que tiene que hacer, por qué tiene que hacerlo y puede ir haciéndolo cuando quiera. Y lo tiene que hacer rapidamente. Lamentablemente, hay cosas que pasan tan rápido que no recuerdas qué marca de camión te atropelló.
He aquí mi problema con Candy Crush: en 3 meses todo el mundo estará hasta la polla de reordenar caramelos tal como aquella vez que dijeron que no les salía del forro de las bolas seguir dibujando. Yo me considero un fan de los juegos casuales, tal como me considero un fan de los cortometrajes y los comediantes que hacen micro-blogging, pero es triste que se esté dedicando tanto tiempo a este juego tan vacío.
No, no odio que sea un simple match-3, eso es lo de menos. Ni odio que hayan como 100 millones de personas en el mundo jugándolo. Odio que dentro de toda la ejecución del puto juego dejaron por fuera un elemento: compromiso emocional.
En serio, lo único que va a quedar de esta mierda es durante 2 meses la humanidad reordenó caramelos hasta decir basta. Angry Birds es un juego que amo hasta el punto de haber escrito fan fiction al respecto, no porque fuera un simple crusth the castle, sino porque en esta narrativa autocontenida se genera empatía gracias a la dirección artística y una mecánica entretenida que se ajusta a la historia.
Pregunta, ¿has tratado en Cut the Rope en pasar los dedos sobre Om Nom para saber si lo puedes cortar? No. No lo haces porque existe algo que se transmite en una sola pantalla que te motiva a cumplir tu objetivo. Está Om Nom triste, hay un caramelo lejos de Om Nom y tú puedes cortar cuerdas con el dedo. Got it. No sé si me impulsa el altruismo o voy a ser mejor persona por jugar el puto juego, pero al menos existe algo humano que no sea únicamente desplazar mis dedos por una pantalla táctil.
Y en Candy Crush no pasa eso. Estás reordenando caramelos para probar que eres mejor que tus amigos reordenando caramelos. En una sociedad presentista que no tiene memoria a corto plazo es bastante preocupante que estemos diseñando videojuegos que carecen completamente de un doble lenguaje. Y es por eso que murió el maldito Harlem Shake, porque nadie ni siquiera sabía por qué estaba bailando esa mierda. Por eso murió Draw Something, porque nadie sabía qué coño estaban haciendo jugando Pictionary 24/7. Pero Angry Birds continúa porque hay que seguir salvando a los putos huevos y en Cut the Rope no queremos que se nos muera el puto monstruo que nos llegó por accidente en una caja.
Y no me jodan con referencias a Tetris o a Pac-Man, juegos que no poseen estos elementos porque estaban limitados tecnológicamente. Y del espacio negativo artístico que dejaban estos juegos, quedó en manos de los fans extender la mitología de los juegos y crear cosas como:
Hoy en día las limitaciones tecnológicas son de otro aspecto, y eso es muy cool. Pero tal como una fotografía tiene profundidad a pesar de estar en una superficie 2D, un videojuego tiene que tener profundidad a pesar de estar en un smartphone y el jugador solo vaya a jugar por 5 minutos.
Finalmente, no odio a los desarrolladores de Candy Crush, ellos solo hacen su trabajo y lo hacen excepcionalmente bien. Al contrario, es admirable lo que han hecho. Solo que yo no quisiera pasar a la historia por hacer ese juego de mierda. Lo que sí odio es que eso sea lo que estemos jugando como especie, pues dice mucho de nosotros. Decidimos sentarnos a jugar un juego sin elementos que generen empatía, sin modo cooperativo, y cuyo único objetivo es avanzar nivel por nivel hasta que simplemente lleguemos al final.
Mal humanidad. Mal.
buenochao!




















